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La investigación clínica es la prueba del algodón para toda investigación básica que quiera llamarse “traslacional”

19/04/10


Aunque la investigación clínica tiene también sus límites, por lo que debe interpretarse con cuidado a la hora de juzgar los beneficios o perjuicios para la salud de cada resultado de la investigación.

Aunque la investigación clínica tiene también sus límites, por lo que debe interpretarse con cuidado a la hora de juzgar los beneficios o perjuicios para la salud de cada resultado de la investigación.

Se denomina investigación “traslacional” a aquella que acelera el traslado de los resultados de la investigación a la práctica clínica. El concepto, existente desde antes de la Segunda Guerra Mundial, se ha visto revitalizado a partir del año 2000, con los esfuerzos de los NIH (National Institutes of Health) americanos por demostrar la utilidad práctica para el contribuyente de la importante inversión pública en investigación biomédica.

Trasladar a la práctica clínica los resultados de la investigación, implica orientar la investigación básica hacia las lagunas de conocimiento sobre las enfermedades; implica también orientar la investigación clínica hacia las necesidades de los enfermos y orientar la investigación epidemiológica hacia las necesidades de la población (salud pública). De las dos últimas, deriva un cuarto tipo de investigación: la investigación en servicios de salud, que estudia la adecuación de éstos para resolver los problemas de salud.

Todos estos pasos se dan en la primera parte de la cadena de valor: la que genera conocimiento trasladable a la práctica clínica. El desarrollo tecnológico y farmacológico, también parte del binomio I+D, median entre la investigación básica y la clínica pero a su interés médico, se añade también el interés comercial. El hecho de que encuentre un nicho en el mercado tiene también su importancia para la Administración Pública que ve en ello un mecanismo de generación de riqueza, empleo y bienestar social.

Pero el término traslacional implica, además, el último paso de la cadena de valor: la incorporación de productos innovadores al Sistema Nacional de Salud (SNS). Para ello, el sistema utiliza sus Agencias de Evaluación de Tecnologías, los estudios económicos y toda una serie de parámetros que configuran la política sanitaria de cada Gobierno.

Por lo tanto, el término traslacional es lo suficientemente amplio como para que pueda ser utilizado por una amplia gama de agentes científico-tecnológicos. Sin embargo, quienes más lo utilizan son los investigadores básicos, especialmente cuando compiten por ayudas y becas para la investigación en los foros más orientados a financiar la investigación del mundo sanitario que la del académico.

Es precisamente en estos casos, aunque también sirva para los desarrollos tecnológicos, cuando se debe resaltar el hecho de que todos sus resultados científicos han de pasar por la “prueba del algodón” de la investigación clínica, para demostrar su utilidad en el paciente. La herramienta metodológica de ésta última es la epidemiológica, y dentro de ella, seleccionar el tipo de estudio para validar cada tipo de problema, es de vital importancia, como se describe fehacientemente en el siguiente resumen divulgativo publicado recientemente por EL PAÍS.
http://lacomunidad.elpais.com/apuntes-cientificos-desde-el-mit/2010/4/16/los-limites-la-epidemiologia#c1891753

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