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"El encuentro entre dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: en caso de que se dé una reacción, ambas resultan transformadas"
En un formato más habitual, este número de febrero gira alrededor de las redes sociales. Presentamos como pensador del mes a Nicholas A. Christakis, médico internista y sociólogo, que con sus estudios acerca del contagio de conductas y normas en nuestras redes sociales ha abierto una interesantísima vía para la investigación operativa de la adquisición de (entre otras) conductas saludables y el desarrollo de nuevos enfoques preventivos y de promoción de la salud. Le acompañan un par de artículos en los que se plantean otros mecanismos de influencia sobre nuestros comportamientos, un par de páginas curiosas y dos esperadas reediciones de libros de interés.
Nuestro objetivo, una vez más, no es otro que
proporcionaros nuevos temas de conversación, y como siempre,
si deseáis hacer alguna aportación, o comentario o
dejar de recibirlo, podéis dirigiros a complejidad@bioef.org
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Actualmente se está produciendo un importante avance en la metodología de estudio de las redes sociales, primero basándose en los trabajos pasados, pero además nos encontramos en un momento en que, en razón de las modernas tecnologías de la comunicación y otras innovaciones, la gente está dejando huellas digitales de dónde están, con quién están interactuando, lo que están diciendo e incluso lo que están pensando. Todos estos tipos de datos pueden ser capturados por lo que llamo tecnologías "masivas y pasivas" y ser usados para enfrentarse a las grandes preguntas sociales de una manera que nuestros antecesores no podía ni soñar. Disponemos de enormes cantidades de datos que pueden reutilizarse para investigar cuestiones fundamentales sobre la organización social, la moralidad y otras muchas preocupaciones que nos han producido perplejidad siempre.
Hemos hecho avances en la metodología, hemos hecho avances en los datos. Y también hemos hecho avances en las ideas. La gente empieza a pensar de forma más creativa sobre lo que significa disponer de esas estructuras de orden superior. Desde finales de los noventa y primeros dos mil, las ciencias se han dedicado a lo que llamo el "proyecto ensamblador" de la ciencia moderna. Los astrónomos piensan en como ensamblar las estrellas en las galaxias, los informáticos en como ensamblar los ordenadores en redes" Con el desarrollo de Internet a mediados de los noventa todo el mundo empezó a pensar en ordenadores, y sus redes, y en como interactúan y así sucesivamente. Los ingenieros se enfrentan con las mismas cuestiones.
Los neurólogos también empiezan a pensar: de acuerdo, bien, sabemos un montón sobre neuronas, pero ¿cómo se interconectan para formar un cerebro? Los genetistas se están diciendo: para cuando termine el día, podemos haber entendido los aproximadamente 25.000 genes humanos y ¿luego? ¿Cómo rehacemos el rompecabezas, reensamblamos todos esos genes y entendemos cómo interactúan entre ellos en el espacio de tres dimensiones y a lo largo del tiempo? Hemos asistido al reciente nacimiento de un nuevo campo de la biología: la "biología de sistemas" que lo que intenta es volver a hacer un todo con las partes.
Y de forma semejante, en la sociología existe un interés creciente en el mismo tipo de fenómeno. Hemos empezado a entender el comportamiento humano y disponemos de modelos de toma de decisiones racionales, modelos de actor racional, que han conducido a posteriores innovaciones. Pero esos modelos se basan fundamentalmente en individuos aislados. Adam Smith habló de los mercados como un fenómeno que emerge de la interacción entre individuos, pero a pesar de ello nos hemos fijado sobre todo en los actos individuales. ¿Cómo volvemos a hacer un todo con las partes para entender los grupos? De nuevo, el estudio de las redes sociales se integra en ese proyecto "ensamblador", y forma parte del mismo esfuerzo por entender la emergencia de orden y de fenómenos nuevos que no son inherentes a los individuos aislados. La conciencia, por ejemplo, que no puede ser explicada estudiando las neuronas. La conciencia es una propiedad emergente del tejido nervioso. Y podemos imaginar de forma semejante determinados tipos de propiedades emergentes de las redes sociales que no son inherentes a las personas que las forman, propiedades que aparecen en razón de los lazos que se establecen entre las personas y a causa de la complejidad de esos mismos lazos.
Es importante, crítico, que cuando pensemos en redes pensemos en su dinámica. Muchas veces no entendemos las redes porque nos fijamos solo en su estática. Pensamos en su topología, en la arquitectura de la red. Pensamos en la forma en que la gente está conectada, lo que por supuesto, es increíblemente importante y además nada fácil de entender. Mientras por un lado la topología puede ser vista o entendida como algo dado y fijado de antemano, por otro esta topología es en sí misma mutable, cambiante e intrigante, y el origen de esta topología y de sus cambios, un tema de gran dificultad.
Pero hay más: una vez que has reconocido que existe esa topología, lo siguiente que debemos entender es que puede existir también "contagio", como una especie de flujo a través de la red. Las cosas se desplazan a su través y esto tiene una muy diferente explicación científica. Entender como fluyen las cosas a través de la red es un reto científico diferente del que supone entender como se forman y evolucionan las redes. Es la diferencia entre la formación y la operativa de la red, o la diferencia entre su estructura y su función. O, si miras la red como una especie de superorganismo, es la diferencia entre la anatomía y la fisiología de la red. Necesitamos entender las dos. Y ambas están interrelacionadas y actúan una sobre la otra, igual que en nuestros propios cuerpos.
Una cosa es observar la difusión de los fenómenos en la red, otra distinta es dar el siguiente paso y empezar a identificar un mecanismo para esa difusión. En el caso de la obesidad hemos formulado una variedad de ideas y somos capaces de testar algunas de ellas. Y tenemos en mente una variedad de nuevos experimentos para estudiar la difusión de la obesidad y otros fenómenos. Un posible mecanismo es muy simple: el contagio biológico. Hay numerosos estudios en marcha en biología buscando virus y bacterias que puedan pasar de persona a persona y contribuir a la epidemia de obesidad. Nuestro trabajo sería completamente consistente con este enfoque, pero no es lo que nos interesa.
Nos interesa no el contagio biológico, sino el contagio social. Un posible mecanismo sería que yo te observo y tú muestras determinadas conductas que yo luego copio. Por ejemplo, tú empiezas a hacer ejercicio, correr por ejemplo y yo también me pongo a correr. O también puede ocurrir que tú me invites a correr contigo. O puedes empezar a comer ciertos alimentos grasos y yo imitarte y empezar a comerlas también. O puedes invitarme a comer en restaurantes de comidas grasas. Lo que se transmite de persona a persona es el comportamiento, y es el comportamiento que compartimos el que contribuye a los cambios de nuestro peso. Es por tanto la transmisión de las conductas de persona a persona lo que puede causar o agravar la difusión de la obesidad.
Un mecanismo completamente distinto sería si no se tratase de una trasmisión de comportamientos sino de normas. Miro a la gente a mí alrededor y la mayoría está ganando peso. Esto modifica mi idea, consciente o inconscientemente, acerca de lo que es un peso aceptable. La gente que engorda a mi alrededor cambia mi concepto de lo que es sobrepeso o delgadez, y esto es lo que se transmite entre persona y persona: una norma. Es algo así como un "meme" pero no exactamente, lo que se transmite. En nuestro trabajo empírico hemos encontrado mucha más evidencia sustancial para este último mecanismo, la difusión de normas más que para la de comportamientos..."
De "SOCIAL NETWORKS ARE LIKE THE EYE", una charla con Nicholas A. Christakis en Edge #238, febrero 2008.
Nicholas Christakis, MD, MPH, PhD, es médico internista y sociólogo, investigador de los factores sociales que afectan a la salud, la asistencia sanitaria y el envejecimiento. Es Profesor de Sociología de la Facultad de Artes y Ciencias en Harvard; también Profesor de Sociología Médica, del Departamento de Política Sanitaria en la Facultad de Medicina de la misma Universidad y Médico Asistencial del Hospital Mt. Auburn, pertenece así mismo al Comité Ejecutivo del Programa Robert Wood Johnson de Política Sanitaria de Harvard.
Anteriores trabajos del Dr. Christakis se centraron en la
exactitud y papel de la prognosis en medicina, las formas de mejorar
la asistencia al término de la vida y los determinantes y
resultados de la utilización de las unidades de larga
estancia. Su libro sobre la prognosis, Death
Foretold: Prophecy and Prognosis in Medical Care,
fue publicado por University of Chicago Press en 1999, ha tenido
abundantes revisiones y ha sido traducido a varios idiomas.
Actualmente sus intereses se centran en las redes sociales y de salud y específicamente en de qué manera la enfermedad, la discapacidad, los comportamientos de riesgo, los cuidados de salud y la muerte de una persona pueden influenciar los mismos fenómenos en las personas que constituyen la red social de la misma. Algunos de sus trabajos recientes estudian los beneficios del matrimonio para la salud y cómo la enfermedad de uno de los esposos puede tener efectos en cascada sobre la salud del otro. Parece que mejorar la salud de uno de los cónyuges puede tener efectos significativos sobre la salud del otro y que ambos lo valoren de forma que pueda tener consecuencias sobre la política de salud. Otro de sus trabajos estudia una muy amplia red social (12.000 personas, incluyendo familiares, amigos y vecinos) seguidos durante más de treinta años para investigar a fondo el papel de las redes sociales en la salud y la asistencia sanitaria. Este estudio implica la aplicación de la teoría de redes y modelos matemáticos para conocer la dinámica de salud en redes longitudinales que evolucionan con el tiempo. En la medida en que comportamientos de riesgo como el fumar, el beber alcohol o el comer mal se extienden a lo largo de estas redes de forma inteligible, tendrán implicaciones substanciales en nuestro conocimiento de los comportamientos que afectan la salud y por tanto en la política sanitaria.
Otras líneas de investigación de Christakis incluyen las bases conceptuales de la yatrogénesis y las respuestas de los profesionales al "daño médico", la evaluación del efecto del vecindario sobre la salud y la biodemografía (p.e. los determinantes demográficos de la longevidad).
Algunos de sus artículos recientes:
S.R. Connor, F. Elwert, C. Spence, and N.A. Christakis, "Geographic Variation in Hospice Use in the United States in 2002", Journal of Pain and Symptom Management 34(3): 277-285 (Septiembre 2007)
K. Zivin and N.A. Christakis, "The Emotional Toll of Spousal Morbidity and Mortality", American Journal of Geriatric Psychiatry 15 (9): 772-779 (Septiembre 2007)
N.A. Christakis and J.H. Fowler, "The Spread of Obesity in a Large Social Network Over 32 Years", New England Journal of Medicine 357(4): 370-379 (Julio 2007)
M. Wen and N.A. Christakis, "Prospective Effect of Community Distress and Subcultural Orientation on Mortality Following Life-Threatening Disease in Later Life", Sociology of Health and Illness 28(5): 558-582 (July 2006)
N.A. Christakis and P.D. Allison, "Mortality after the Hospitalization of a Spouse", New England Journal of Medicine 354(7):719-730 (February 2006)
"...Tenía la impresión intuitiva de que el mundo no es plano. Creo que en el fondo, sabía que la globalización se sometía a esas dos fuerzas opuestas: una centrífuga que deslocaliza fábricas y la otra, la que produce el hecho de que el 50 por ciento de la población humana vive en zonas urbanas. Además, resulta que la distribución de la actividad económica es aún más concentrada que la de la población. Luego están los datos de la oficina americana de patentes que muestran donde se localizan los inventores y combinamos todos estos hechos con los del resto del mundo. Estudiamos la distribución de las innovaciones, que resultan aún más concentradas. Así, en cierto sentido cuanto más subes en la escala, mayor es la concentración geográfica. Por eso creo que el mundo no es plano. Está lleno de cumbres y valles... Un montón de cosas de la economía mundial pueden descentralizarse, pero mi impresión es que no son lo central de la economía mundial. Sus dimensiones económicas más importantes continúan concentrándose..."
De "Choosing a Place to Live. Why it's as important as picking a spouse", una entrevista con Richard Florida sobre su próximo libro: Who's Your City?, que publica Bret Schulte en US News & World Report del 14 de febrero.
Borregos disfrazados de personas
"...¿Alguna vez has llegado a un sitio y has tenido que preguntarte cómo narices has llegado hasta allí? Investigadores de la Universidad de Leeds creen que pueden haber encontrado la respuesta, en una investigación que demuestra que las personas humanas forman rebaños y bandadas como las ovejas o los peces, siguiendo de forma inconsciente a una minoría de individuos. Según este estudio basta una minoría del cinco por ciento para influir la dirección de la muchedumbre, de forma que el 95% restante los sigue sin darse cuenta. Los resultados pueden tener gran implicación para dirigir el flujo de grandes muchedumbres, particularmente en escenarios de desastre en los que la comunicación verbal resulta difícil. "Existen muchas situaciones en las que esta información puede ser utilizada para bien" dice el Profesor Jens Krause de la Facultad de Biología de la Universidad de Leeds "desde las estrategias de planificación de emergencias hasta la organización de los flujos peatonales en zonas saturadas"...
De "Sheep In Human Clothing: Scientists Reveal Our Flock Mentality", un artículo de ScienceDaily (16 Feb. 2008)
Las preferencias de la mosca de la fruta en relación a los condimentos
"Presentamos aquí resultados que indican que las moscas prefieren el vinagre no solo a la miel (p<0.01), sino también a toda una serie de salsas y condimentos de muy varia tradición cultural. Preparados que contienen vinagre (salsa picante, Ketchup) le son atractivas, así como el extracto de malta, sustancia más comúnmente relacionada con algunos carnívoros de ficción. Muchas muestras recibieron menos visitas que el control (agua) ya sea porque las moscas las consideraban repulsivas o debido a la propensión de las moscas a acercarse al control por ser adyacente al vinagre. Una indicación del nivel social de las moscas podría deducirse de su preferencia del vinagre balsámico sobre el vinagre de manzana y del brandy sobre el Malibu, aunque estos resultados son solo marginalmente significativos (p=0.06, test binomial)."
Los estudios de una bióloga sin demasiado otro quehacer para demostrar la falsedad del refrán (inglés) "Se cazan más moscas con miel que con vinagre"
Donald
C. Stone bromeaba sólo parcialmente cuando escribió el
artículo titulado: La administración
de las sillas: no son las personas, ni el tema, sino la colocación
de las sillas lo que determina el éxito de una reunión
Colocada discretamente en un pasado número de la publicación Public Administration Review, el escrito de siete páginas de Stone instruye y aconseja. Su mensaje clave: hay buenas y malas maneras de colocar las sillas en una sala de reuniones y sería conveniente que quien pretenda ser un buen administrador, aprenda la diferencia.
La sabiduría de Stone en el cómo organizar reuniones se consiguió con esfuerzo, pulida por décadas de usar sillas y pensar sobre sillas. Fue Presidente de la Sociedad Americana de Administración Pública, y es miembro del Consejo Ejecutivo de laAsociación Nacional de Escuelas de Administración y Asuntos Públicos, es también miembro de la Academia Americana de Administración Pública. Fue Decano de La Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad de Pittsburgh... O sea, que se ha sentado un montón...
El artículo completo en Education Guardian Weekly de 12 febrero de 2008
Entrelazamiento, El mayor misterio de la física
Entre las muchas teorías que pueblan el cosmos científico, pocas poseen la importancia de la física cuántica, creada por genios del calibre de Planck, Einstein, Heisenberg o Schrödinger. Desde hace mucho nuestras vidas y conocimientos están profundamente influidos por esta construcción de la física, cuyos contenidos desafían nuestros hábitos de comprensión más enraizados. Así ocurre, por ejemplo, con el hecho de que las partículas son también ondas, y las ondas partículas, o con que sea imposible determinar con absoluta precisión y al mismo tiempo posiciones y velocidades de una partícula. Mucho se ha escrito sobre estas contra intuitivas características de la mecánica cuántica, pero hay más, como el fenómeno conocido como «entrelazamiento», según el cual los objetos (como partículas subatómicas) que describe la física cuántica, pueden llegar a estar tan enlazados, tan relacionados entre sí, que un cambio en uno de ellos se reflejaría instantáneamente en el otro, incluso aunque ambos estuvieran en extremos opuestos del universo. Einstein, quien identificó este extraño fenómeno, pensó que semejante posibilidad mostraba que la mecánica cuántica no era una teoría correcta, pero se equivocó, como han demostrado durante los últimos años una serie de distinguidos físicos. Este libro narra, en términos claros y accesibles, esta fascinante historia, una historia que abre posibilidades (como la construcción de códigos indescifrables) que hasta hace poco era imposible imaginar.
Ésta es la historia del hombre como descubridor: la historia de «los innumerables Colones» que se enfrentaron a la superstición y al dogma para ampliar nuestro conocimiento del universo, de los misterios del tiempo, de los fenómenos de los cielos, de la geografía de nuestro planeta, de la naturaleza y sus criaturas, del cuerpo y la mente humanos, de la sociedad... Hombres con una sed insaciable de saber y con el valor necesario para aventurarse en lo desconocido.
Daniel J. Boorstin ,historiador de prestigio universal, que ha enseñado en las universidades de Oxford, Chicago, Kyoto o Roma, que ha visto sus libros traducidos incluso al chino y al japonés y que dirigió la Biblioteca del Congreso de Washington, ha escrito una obra llena de erudición y de lectura apasionante. Una obra donde se nos habla de los gigantes que han pasado a la historia desde Herodoto a Freíd, y de cientos de personajes no menos importantes, pero prácticamente desconocidos. Un libro donde los hechos se nos presentan con un enfoque original, donde se formulan nuevas preguntas, cuya respuesta nos hace contemplar la historia del progreso humano de manera muy distinta a la habitual: ¿Por qué les costó tanto a los hombres aprender que la Tierra gira en torno al Sol? ¿Por qué los chinos fueron incapaces de descubrir América? ¿Cómo y por qué empezó el hombre a pensar en términos de «especies» de plantas y animales? ¿Cómo y cuándo se comenzó a excavar la Tierra para descifrar el pasado? Éste es, además, un libro de extraordinaria amenidad, que los críticos han saludado como una obra maestra, y el público ha confirmado este dictamen haciendo de Los descubridoresel libro de historia que mayor éxito ha alcanzado desde hace muchos años.