- La cita del mes
- Nota del editor
- Edge Annual Question 2008
"El arte del progreso consiste en preservar el orden en medio del cambio, y preservar el cambio en medio del orden. La vida se niega a ser embalsamada viva. Cuanto mas prolongada es la parada de un sistema en el orden perfecto, mayor el derrumbe de esa sociedad muerta"
Alfred North Whitehead, "Process and Reality"
Este primer número del año, como empieza a ser tradición, está íntegramente dedicado a la Edge Annual Question de 2008, que en esta ocasión se plantea con el siguiente enunciado:
"Cuando el pensar cambia tus ideas, eso es filosofía. Cuando Dios cambia tus ideas, eso es fe. Cuando los hechos cambian tus ideas, eso es ciencia. ¿Sobre que cuestión han cambiado tus ideas? ¿Por qué? La ciencia se basa en la evidencia. ¿Qué ocurre cuando cambian los datos? ¿Cómo han modificado tus opiniones los descubrimientos o debates científicos?"
En la medida que el cambio es uno de los principales temas de interés de nuestro Instituto, es un placer presentaros unos cuantos cambios en las ideas de algunos de los pensadores más interesantes de la actualidad y que aun no habían pasado por Komplex. Al final podéis encontrar los enlaces a las respuestas de todos y cada uno de los 165 pensadores entrevistados.
Nuestro objetivo, una vez más, no es otro que
proporcionaros nuevos temas de conversación, y como siempre,
si deseáis hacer alguna aportación, o comentario o
dejar de recibirlo, podéis dirigiros a complejidad@bioef.org
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Investigador social y cognitivo; Directeur de Recherche, CNRS, Paris; Autor: "Rethinking Symbolism"
Cómo me convertí en un psicólogo evolutivo
Mi época de estudiante quedó marcada por la influencia de Claude Lévi-Strauss y mucho más por la de Noam Chomsky. Ambos se atrevieron a hablar de la "naturaleza humana" cuando lo que se llevaba por aquella época era asegurar la inexistencia de ésta. En mi propio trabajo, defendí un punto de vista favorable a un enfoque naturalista de las ciencias sociales. Asumí que las disposiciones cognitivas humanas son el resultado de la evolución biológica y, especialmente, de la selección Darwiniana. Aunque alguna vez jugueteé con especulaciones evolutivas, no me dí cuenta que ésta puediese jugar algo más que un papel marginal en el estudio de la cultura y la psicología humana.
Afortunadamente en 1987 Jacques Mehler, el fundador y redactor de la revista Cognition, me pidió que revisara un artículo muy largo que curiosamente se llamaba "La lógica del intercambio social, ¿es la selección natural la que ha dado forma al razonamiento humano?" En la mayoría de los artículos de psicología experimental, las secciones teóricas son cortas y relativamente superficiales. En éste, por otro lado, la joven escritora Leda Cosmides, argumentaba, junto con otros autores, sus motivos a favor de una declaración teórica ambiciosa de forma original. Las formas de cooperación exclusivas y características de los humanos únicamente podrían haber evolucionado, proseguía la autora, si hubiera existido una evolución del mecanismo mental diseñado para comprender y controlar los intercambios sociales, especialmente para descubrir a los tramposos. Además, este mecanismo se podría investigar a través de experimentos de razonamiento tipo.
No era el lugar más apropiado para
entrar en detalles sobre la argumentación teórica,
algo que consideré y considero realmente curioso, o sobre la
evidencia experimental, que he criticado como inadecuada en algunos
experimentos de mi propia cosecha. Sin embargo, a pesar de sus
deficiencias, fue un artículo realmente enriquecedor y
recomendé encarecidamente que se aceptase la versión
revisada. El artículo se publicó en 1989 y aún
no han amainado las turbulentas aguas que removió en su
día.
Haber leído el trabajo de Leda Cosmides y John Tooby, su marido y colaborador, haberles conocido poco después y haber iniciado una conversación con ellos que aún continúa, me hizo cambiar de opinión. Sabía que podíamos reflexionar sobre la capacidad mental de nuestros antepasados a partir de nuestro conocimiento de la mente humana pero ahora entendí que también podemos conseguir perspectivas fundamentales sobre nuestra mente actual si reflexionamos sobre los problemas medioambientales y oportunidades que ejercieron presión selectiva sobre nuestros antepasados paleolíticos.
Desde entonces, he intentado contribuir al desarrollo de la psicología evolutiva, para sorpresa y consternación de algunos de mis amigos expertos en ciencias sociales y también de algunos psicólogos evolutivos que ven en mí un hereje más que un auténtico converso y, lo cierto es que no tengo gusto ni talento para la ortodoxia. Incluso encuentro bastante decepcionante gran parte del trabajo que se ha hecho hasta ahora bajo el nombre de "psicología evolutiva". La psicología evolutiva será un éxito en la medida que provoque que los psicólogos cognitivos repiensen los principales aspectos de la cognición humana desde una perspectiva evolutiva hasta el punto en que toda la psicología en general pase a ser evolutiva.
La especie humana es única en cuanto a su enorme inversión en cognición, en sus distintas formas de actividad (el lenguaje, las habilidades de pensamiento de alto nivel, la abstracción...) que son tan características de los seres humanos como la "ecolocalización" lo es para los murciélagos. Sin embargo, más de la mitad de los estudios realizados en psicología evolutiva hoy en día, tratan de la selección de pareja, una actividad mental presente en la mayoría de las especies. Por supuesto, no hay nada intrínsicamente malo en estudiar la selección de pareja y en algunos de los estudios realizados en este campo se han obtenido importantes resultados.
Sin embargo, la promesa de la psicología evolutiva es primero y sobre todo ayudar a explicar los aspectos de la psicología humana que son genuinamente únicos entre las especies terrestres y que esto a su vez ayude a explicar el carácter excepcional de la cultura humana y la ecología. Esto es lo que tenemos que conseguir en una medida mucho mayor de lo que lo ha sido hasta el momento, si queremos que los científicos sociales y cognitivos más escépticos también cambien de opinión.
Psicólogo social, Hope College; autor,"Psychology, 8th edition", en castellano: "Psicología, 7ª edición"
La lectura y análisis de temas relacionados con la psicología ha hecho que cambie de ideas muchas veces, lo que en la actualidad me lleva a afirmar que:
En esta era de conflicto entre ciencia y religión, revelaciones como éstas subrayan nuestra necesidad de experimentar lo que ciencia y religión dictaminan conjuntamente: humildad. La humildad, suelo recordar a mis alumnos, es fundamental para el espíritu empírico por el que abogó Moisés hace mucho tiempo: "Si un profeta habla en nombre del Señor y lo que dice no se cumple, entonces no es el mensaje del Señor". Por lo tanto, si nuestras ideas o las de otro sobreviven tras ponerse a prueba, muchísimo mejor, pero si se estrellan contra el muro de la evidencia, les ha llegado el momento de la reconsideración.
Neurólogo, Stanford University, Autor: "A Primate's Memoir"; "Monkeyluv: And Other Lessons in Our Lives as Animals" , en castellano: "El mono enamorado y otros ensayos sobre nuestra vida animal"
Cambié de opinión drásticamente hace tan sólo unos pocos años. Fue el resultado de un doloroso viaje de auto-descubrimiento que mi mujer y mis hijos apoyaron e hicieron posible; un viaje en el que luché con toda mi alma, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas. Tenía que ver con que me di cuenta de que los musicales de Broadway no son parodias culturales, así que fue algo un poco tangencial al tema que nos ocupa, así que en su lugar, me centraré en la ciencia.
Soy tanto neurobiólogo como experto en primates y, en ambos campos, he cambiado de opinión muy a menudo sobre numerosos aspectos. Sin embargo, el principal cambio de postura es uno que trasciende cualquiera de esas disciplinas, en mi caso, el que tuvo lugar cuando me di cuenta de que lo más interesante e importante en biología no puede explicarse por puro reduccionismo.
Supuso un cambio de opinión que afectaba especialmente a mi trabajo como neurobiólogo.
De esto hace 15 años y ponía en cuestión el dogma neurobiológico que aprendí en primaria, de que el cerebro adulto no fabrica nuevas neuronas. Este hecho siempre ha sido un punto de extraño orgullo en neurología, el cerebro es "tan" fascinante y extraordinario que sus elementos no se pueden reparar, no como algunos hígados estúpidos y simplistas que son completamente fungibles y pueden crecer de nuevo por sí mismos. Este hecho también refuerza, de pasada, el dogma de que el cerebro se modifica en una etapa muy temprana de la vida, es decir, que hay diferentes aspectos que no se pueden cambiar una vez que una cierta ventana de tiempo se ha cerrado.
A principios de los 60, varios psicólogos descabellados clamaron en el desierto que el cerebro adulto producía nuevas neuronas. En el mejor de los casos fueron ignorados por su carácter heterodoxo y en el peor fueron castigados por ello. Sin embargo, en los años 90 se descubrió que llevaban razón y la neuro-génesis adulta se ha convertido en el tema más popular de este campo; el cerebro fabrica nuevas neuronas bajo ciertas circunstancias interesantes pero no bajo otras circunstancias igual de interesantes.
La nueva función de las neuronas,
que es integrada en circuitos, puede ser incluso necesaria para
ciertas formas de aprendizaje. Y el fenómeno es el
fundamento de un nuevo tipo de chovinismo neurobiológico:
parte de la extrema complejidad y magnificencia del cerebro es que
el cerebro puede reconstruirse a si mismo como respuesta al mundo
que le rodea.
Lo admito, fue difícil para mí asimilar este negocio
de las nuevas neuronas. No había invertido demasiado en
él como para manifestarme como el resto afirmando "no, eso
no puede ser verdad" y traté de ignorarlo. Me dije: "Nuevas
neuronas, no puedo con ello, paso la página". Tras un
vergonzoso periodo de tiempo se habían recopilado demasiadas
pruebas al respecto, así que cambié de idea y
decidí que tenía que enfrentarme a ello. En la
actualidad es uno de los aspectos en los que se centra el trabajo
de mi laboratorio.
Otro cambio importante tiene que ver con mi vida como especialista en primates cuando, también a principios de los 90, estudié el babuino macho en el este de África. Me centré en estudiar lo que tiene que ver el comportamiento social con la salud y mi talento solía consistir en explicar que si alguien quería saber qué babuino iba a sufrir una enfermedad relacionada con el estrés observara a los de menos rango. La categoría es el destino psicológico y, si puedes elegir, querrás ganar y convertirte en un macho dominante porque estarás más sano. Mi cambio de opinión tuvo dos fases.
La primera fue darme cuenta, desde mi propia investigación y la de los demás, que ser dominante tiene muchísimo menos que ver con ganar peleas que con la inteligencia social y con el control de los impulsos. El segundo fue darme cuenta de que la salud tiene mucho que ver con la categoría social pero tiene mucho más que ver con la afiliación social y personal, es decir, si quieres ser un babuino saludable, no debes aislarte de la sociedad. Este cambio tiene mucho que ver con la asimilación de nuevos hechos y técnicas estadísticas de análisis de datos y demás tonterías. Sin embargo, probablemente tiene mas que ver con que yo fui un chico muy hermético de 22 años que estudiaba a los babuinos y ahora, 30 años más tarde, he cambiado de opinión sobre muchos aspectos de mi propia vida.
Profesor de Biología Molecular y Políticas Públicas, Woodrow Wilson School, Princeton; Autor: "Challenging Nature"; "Remaking Eden", en castellano: "Vuelta al Eden, más allá de la clonación en un mundo feliz"
"Si consiguiésemos que la gente entendiese lo que es ciencia, estarían de acuerdo con nosotros. No."
Poco tiempo antes de morir, en una entrevista para el New York Times, Francis Crick declaró ante un periodista que "la descripción que tenemos de nosotros mismos como "personas dotadas de alma" es tan errónea como la de que el Sol gira alrededor de la Tierra. Este tipo de creencia desaparecerá en unos cuantos siglos y, a su debido tiempo, las personas cultas afirmarán que no hay ningún alma independiente del cuerpo y que, por lo tanto, no hay vida después de la muerte".Como la amplia mayoría de los científicos y filósofos académicos que todavía viven, acepto la afirmación filosófica de Crick de que cuando tu cuerpo muere dejas de existir. Solía estar de acuerdo con sus pronósticos psico-sociales: la moderna educación ocasionaría inevitablemente que la gente se negara a aceptar la idea de un alma sobrenatural. Sin embargo, he cambiado de opinión en ese aspecto.
La reivindicación psico-social de Crick se basa en una suposición lógica: las mentes de todas las personas inteligentes deben operar de acuerdo a los mismos principios universales de la naturaleza humana. Cualquiera que haga una suposición como ésta creerá, de forma natural que su propio tipo de mente es el tipo universal. Según Crick y la mayoría de los biólogos moleculares, el supuesto tipo de mente universal es muy receptivo al poder de persuasión de la lógica pura y del análisis racional.
En el pasado, mi propia imagen del mundo
estaba estructurada de forma similar. Estaba convencido de que los
hechos científicos y los argumentos racionales podían
triunfar por sí mismos si las personas eran lo
suficientemente inteligentes y cultas. Desde mi punto de vista, el
rechazo del pensamiento racional por parte de esas personas era
signo de deshonestidad y tenia motivaciones políticas u
ideológicas.
Mis opiniones empezaron a cambiar una tarde de noviembre de 2003. Daba una conferencia en un pequeño centro universitario de humanidades junto con un miembro del Consejo Presidencial de Bioética cuya opinión sobre la investigación con embriones humanos se oponía drásticamente a la mía. Rodeados de estudiantes en el cóctel posterior los dos comenzamos un debate informal sobre el verdadero significado que tienen los cambios en la expresión genética y la metilación del ADN durante el desarrollo embrionario. Seis horas después, cuando el último alumno ya hacía tiempo que se había acostado, eran las 4 de la mañana y todavía seguíamos convencidos de que, con una ronda más de debate, conseguiríamos que el otro capitulara. No fue así.
Tras aquella experiencia, he llamado deliberadamente a otros cultos defensores de lo irracional e incluso a muchos estudiantes de mi universidad para que participaran en espontáneos debates cara a cara sobre una amplia variedad de temas de contenido biológico entre los que se incluían la evolución, la agricultura orgánica, la homeopatía, la clonación de animales, la presencia de "sustancias químicas" en los alimentos y la ingeniería genética. Muy a mi pesar, incluso después de dejar de lado los temas políticos, ideológicos, económicos y culturales, a menudo se suelen rechazar las implicaciones científicas de la argumentación racionales.
Mientras que su modo de expresión puede cambiar con el paso del tiempo y las culturas, parece que la irracionalidad y el misticismo son parte integral de la naturaleza humana normal, incluso entre personas de alto nivel cultural. Por muchos avances científicos y tecnológicos que se realicen en el futuro dudo que las creencias sobrenaturales se erradiquen alguna vez de la especie humana.
Mecenas científico
La pregunta presupone que existe un "tú" bien definido y que existe una habilidad implícita que está bajo "tu" control para cambiar tu "mente". Ahora pienso que el "tú" está siempre compartido con otros (familia, amigos, en estructuras jerárquicas...) por ejemplo, los terroristas suicidas creen que su sacrificio sirve a las demás partes de su "tú". La pregunta lleva consigo una intención que creo, no podemos controlar. Mis ideas cambiaron como resultado de esta interacción con el entorno pero, ¿por qué? porque son parte del mismo.
Investigador independiente, Psicólogo; Autor: "No Two Alike: Human Nature and Human Individuality"
La generalización
Cualquiera que haya hecho un curso de introducción a la psicología habrá escuchado la historia de cómo el conductista John B. Watson, produjo un "miedo condicionado" a las ratas blancas o a los conejos blancos en un desafortunado niño llamado Pequeño Albert, quien "generalizó" ese miedo a todo lo que fuera blanco y peludo (incluyendo hasta el abrigo de piel de su madre). Se trataba de una historia realmente convincente y, al igual que mis queridos estudiantes, no vi razón alguna para dudar de ella o, al menos, no lo hice hasta unos años más tarde cuando leí los informes originales del experimento publicados en 1920. Un puro desastre, podrías encontrar mejor métodología en las ferias científicas de la enseñanza media. No sorprende (al menos no me sorprende a mí ahora) que el experimento de Watson se enfrentara resueltamente a los intentos de replicarlo. Sin embargo, en la introducción de los libros de texto rara vez se citan esos fracasos en la replicación del experimento.
El concepto de generalización es básico en psicología. Muchos psicólogos de diferentes especialidades dan por sentado que las respuestas aprendidas (comportamientos, emociones, expectativas, etc.) generalizan fácil y automáticamente a otros estímulos del mismo tipo general. Se asume, por ejemplo, que una vez que un niño haya aprendido que su madre es fiable y que su hermano es agresivo supondrá que los adultos son de confianza y que los niños son agresivos.
Ahora creo que la generalización
es la excepción y no la regla. Esmerados estudios han
demostrado que los niños llegan al mundo con un sesgo contra
la generalización. Se sabe que esto es verdad respecto a las
habilidades motoras aprendidas y respecto a las expectativas hacia
las personas. Los bebés nacen con el deseo de aprender todo
sobre los seres que pueblan su mundo y con la capacidad de
almacenar información sobre cada persona por separado. No
esperan que todos los adultos se comporten como sus madres o que
todos los niños se comporten como sus hermanos. Normalmente,
los niños que se pelean incansablemente con sus hermanos y
hermanas se llevan mucho mejor con sus iguales. El primer hijo de
una familia que esté acostumbrado a dominar a sus hermanos
pequeños en casa tiene las mismas probabilidades que el hijo
menor de una pareja de intentar dominar a sus compañeros de
clase en el patio. La relación de un niño con su
padre no condiciona su posterior relación con su jefe.
No soy, por supuesto la única en el mundo que ha rechazado la creencia en una generalización ubicua, pero si formásemos un club, podríamos reunirnos en mi cocina. La confirmación de los sesgos, la tendencia a observar lo que sustenta nuestras suposiciones e ignorar o desechar lo que se opone a ellas, hace que la mayoría de las personas se sigan fiando de lo que aprendieron en el curso de introducción a la psicología. Observan que el niño que es agradable, tímido o concienzudo en el ambiente familiar, se comportará casi de la misma forma fuera de casa e interpretarán esta correlación como una prueba que demuestra que el niño aprende modelos de comportamiento en casa que luego traspasa a las demás situaciones.
El error que están cometiendo es ignorar los efectos de los genes. Varios estudios realizados con métodos avanzados de análisis de datos han demostrado que las semejanzas de comportamiento entre un contexto y otro se deben, principalmente, a la influencia genética. Nuestra predisposición innata para actuar de una manera u otra en ciertas situaciones no cambia nunca, pero los comportamientos aprendidos son específicos de situaciones determinadas. El hecho de que las predisposiciones genéticas tienden a aparecer precozmente es la razón por la que algunos psicólogos cometen el error de atribuir demasiada importancia a las experiencias tempranas.
Lo que me hizo cambiar de opinión sobre estos aspectos fue entender que si desecho la suposición sobre la generalización, algunos de los hasta hoy inexplicables hallazgos sobre el comportamiento humano empezarían a cobrar sentido. Tenía 56 años en ese momento pero era una relativamente recién llegada al campo del desarrollo infantil y no tenía ningún interés mantener mi status quo. La verdad es que es un lujo tener total libertad para poder cambiar de ideas.
Los cambios de todos los entrevistados
Daniel Kahneman, Nassim Nicholas Taleb, W. Daniel Hillis, David Goodhart, Mark Henderson, Ray Kurzweil, Lewis Wolpert, David Gelernter, Bart Kosko, Randolph M. Nesse, Linda S. Gottfredson, Kai Krause, Clay Shirky, Denis Dutton, Jamshed Bharucha, Lera Boroditsky, Gregory Benford, Richard Dawkins, Roger Bingham, Jesse Bering, Barry Smith, Steve Connor, Geoffrey Miller, George Johnson, Stephon Alexander, Beatrice Golomb, Chris DiBona, Jordan Pollack, Alison Gopnik, Paul Saffo, Neil Gershenfeld, J. Craig Venter, David Sloan Wilson, Simon Baron-Cohen, Austin Dacey, Daniel Engber, Roger Highfield, Francesco De Pretis, Dimitar Sasselov, Jaron Lanier, Janna Levin, Martin Rees, Esther Dyson, Anton Zeilinger, Gerd Gigerenzer, PZ Myers, Susan Blackmore, Adam Bly, Nicholas Humphrey, Paul Ewald, Seirian Sumner, Brian Eno, Hans Ulrich Obrist, Robert Shapiro, Sam Harris, Yossi Vardi, David Buss, Andrian Kreye, Daniel Goleman, James Geary, Tim O'Reilly, Philip Campbell, Frank Wilczek, Chris Anderson, Rupert Sheldrake Nicholas A. Christakis, Daniel C. Dennett, Helena Cronin, Aubrey de Grey, Nicholas Carr, Lisa Randall, Brian Goodwin, Carolyn Porco, William H. Calvin, Mary Catherine Bateson, Stanislas Dehaene,Linda Stone, Sean Carroll, Richard Wrangham, Marco Iacoboni, Scott Atran, Leo Chalupa, John Allen Paulos, Eduardo Punset, Rebecca Goldstein, Juan Enriquez, George Dyson, Paul Davies, Steven Pinker, Alan Alda, Patrick Bateson, Jon Haidt, George Church, Terrence Sejnowski, Judith Rich Harris, Oliver Morton, Stewart Brand, Daniel Gilbert, Sherry Turkle, John Horgan, Roger Schank, Carlo Rovelli, Xeni Jardin, Stephen Schneider, Diane Halpern, Alan Kay, Marti Hearst, Kevin Kelly, Marcel Kinsbourne, Peter Schwartz, Scott Sampson, Ernst Pöppel, John McCarthy, Seth Lloyd, Gary Klein, Stephen Kosslyn,Lawrence Krauss,Jeffrey Epstein, Ken Ford, John Baez, A. Garrett Lisi, Lee Smolin, Gary Marcus, Lee Silver, Laurence Smith, Robert Trivers, Rodney Brooks, Paul Steinhardt, Helen Fisher, Steve Nadis, Tor Nørretranders, Robert Sapolsky, Max Tegmark, David Dalrymple, Daniel Everett, David Myers, Keith Devlin, Todd Feinberg, Robert Provine, Marc D. Hauser, Thomas Metzinger, Dan Sperber, Leon Lederman, Timothy Taylor, Haim Harari, David Bodanis, Charles Seife, Mark Pagel, Arnold Trehub, Gino Segre,Nick Bostrom, Rudy Rucker, David Brin, Ed Regis, Freeman Dyson, Marcelo Gleiser, Irene Pepperberg, Colin Tudge, James O'Donnell, Michael Shermer, Donald Hoffman, Howard Gardner, Piet Hut, Douglas Rushkoff, Karl Sabbagh, Joseph LeDoux, Martin Seligman