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La cita del mes “A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.” Antoine de Saint Exupery. El principito, cap. IV
Nota del Editor Este nuevo número de Komplex nos presenta unos cuantos ejemplos de híbridos, en un escenario en el que la especialización es cada vez más estéril e, iniciando la nueva sección “El pensador del mes”, homenajea a Stephen Jay Gould y a sus aportaciones en defensa de una visión global y consiliente de las ciencias y las humanidades. Esperamos, como de costumbre, proporcionaros nuevos temas de conversación. Como siempre, si deseas hacer alguna aportación,
o comentario o dejar de recibirlo, dirígete a complejidad@bioef.org.
El pensador del mes
«Cuando tenía cinco años, mi padre me llevó a ver al Tyrannosaurus del American Museum of Natural History. Estando frente al animal, un hombre estornudó; yo me tragué saliva. El animal se alzaba inmóvil en toda su grandeza. Al salir, anuncié a mi padre que había decidido ser, de mayor, paleontólogo». Stephen Jay Gould (1941-2002), paleontólogo de profesión y profesor en la Universidad de Harvard desde 1967, es un pensador polifacético. No sólo la paleontología constituye su pasión, también la geología, la biología, la astronomía, la historia, la filosofía, la música y el béisbol. La obra científica de Gould parte, reafirmándola pero alterándola, de la teoría evolutiva de Darwin. Desde la publicación en 1972, junto con el paleontólogo también norteamericano, Niles Eldredge, del artículo Equilibrio discontinuo: una alternativa al gradualismo filético, ha llegado a ser una figura central en el ámbito del darwinismo. Darwin siempre aceptó el lema «Natura non facit saltum» y consecuentemente, pero en contra de otros evolucionistas, defendió que el proceso evolutivo iba a ritmo lento, sin saltos súbitos, gradualmente. El registro fósil, ciertamente, no apoyaba éste gradualismo, más bien daba testimonio de saltos y de discontinuidad. Pero Darwin argumentaba que el registro era incompleto e imperfecto, era como un libro que sólo le quedan escasas páginas, pocas líneas por página, pocas palabras por línea y pocas letras por palabra. Stephen Jay Gould y Niles Eldredge plantean un modelo evolutivo que cuestiona éste gradualismo de Darwin: el modelo de equilibrios puntuados o de equilibrios discontinuos. Un modelo que sí encaja y explica el actual y voluminoso registro fósil, un registro que no da testimonio de cambios morfológicos graduales, sino de abruptas discontinuidades. El modelo de equilibrios puntuados establece que las especies viven largos periodos de estabilidad, periodos de equilibrio de millones de años, que se ven cortados bruscamente por fases breves de cambios (miles de años) en las cuales aparecen nuevas especies. «La historia de cualquier parte aislada de la tierra, como la de cualquier soldado, consiste -ilustra un colega de Gould- en largos periodos de aburrimiento y breves periodos de terror». El registro fósil muestra la estabilidad de las especies durante «largos periodos de aburrimiento», tiempo que se va repitiendo tras «breves periodos de terror» en los cuales se da, súbitamente, una gran diversificación pero también una gran extinción. En tiempo de Darwin estaba ya vivo el debate sobre la naturaleza rápida o lenta de los cambios geológicos: cataclismos naturales o gradualismo. Gould considera que la opción de Darwin por el gradualismo no se explica en base a datos empíricos sino por las influencias culturales y metodológicas. (Culturales: se había asumido el cambio en las sociedades, pero, tal y como defendía el pensamiento liberal, las transformaciones sociales duraderas eran lentas, graduales y ordenadas. Metodológicas: Darwin había aprendido de Lyell que no se debe dar preferencia a la apariencia inmediata sino a la realidad escondida, el gradualismo estaba escondido debajo el imperfecto apariencia). Gould, al contrario, opta por el cambio rápido: diferentes catástrofes han marcado profundamente el proceso evolutivo. No sólo la catástrofe que supuso la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años, también la de finales del permiano, que barrió el 95% de las especies de la superficie de la Tierra. Unos apocalipsis que se han repetido, imprevisiblemente, a lo largo de la marcha de la vida. De su numerosa bibliografía podemos destacar: Desde Darwin (Ever Since Darwin: Reflections in Natural History), 1977; Ontogeny and Phylogeny, 1977; El pulgar del panda. Ensayos sobre evolución (Panda's Thumb: More Reflections in Natural History), 1980; La falsa medida del hombre (The Mismeasure of Man), 1981, La sonrisa del flamenco. Reflexionas sobre historia natural (The Flamingo's Smile), 1985; La vida maravillosa. Burgess Shale y la naturaleza de la historia (Wonderful Life), 1989. Acabo de llegar. El final de un principio en la historia natural (I have landed). Érase una vez el zorro y el erizo: Las humanidades y la ciencia en el tercer milenio. (The edgehog, the fox, and the magister's pox) 2003. http://www.stephenjaygould.org
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La página amiga del Profesor José Manuel
Fonseca
Libros
Stephen Jay Gould De cómo un anónimo censor de Pisa censuró (a mano), un ejemplar del libro Historia Animalium (1551) de Konrad Gesner, en el que además de magníficos dibujos, citaba los Adagia de Erasmo de Rótterdam, y en particular el del erizo y el zorro que se supone tiene su origen en Arquíloco el soldado-poeta griego del s. VII a.C. y que dice algo así como:” Muchas estrategias tiene el zorro, el erizo una y grande”. Con este prometedor inicio Gould plantea un profundo análisis de las relaciones entre humanidades y ciencia alrededor de esta idea para de forma natural recobrar el sentido más primitivo del concepto de consiliencia, que Whewell acuñó en 1840 como una estrategia para trazar teorías generales en ciencias difíciles de sistemas complejos que tienden a ser ricos en datos y pobres en teoría. Es la consiliencia que explica experiencias “¡ajá!” es decir, la conversión súbita de la confusión en orden, no a través de secuencias deductivas sistemáticas, graduales, sino de la intuición inmediata. Critica en profundidad la aproximación reduccionista que simplificando, reduce las humanidades a sus componentes “elementales” y por tanto físicos de E. O. Wilson en Consilience: La unidad del conocimiento. Galaxia Gutemberg. Barcelona. 1999, para apostar por ese “saltar juntos” de la ciencia y las humanidades en un contacto y coherencia mayores y más fecundos, pero desde una consiliencia de igual atención que respeta las diferencias inherentes, reconoce el mérito comparable pero distinto y da sentido a la realidad desde la visión estereoscópica que sólo se produce con la mirada combinada de ambas. Como todas las obras de Gould es un placer su lectura, más si cabe, al saber que es lo último que podremos disfrutar del gran paleontólogo. Érase una vez el erizo y el zorro: las humanidades y la ciencia en el tercer milenio. Ed. Crítica. Barcelona. 2004
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