Nº 29  Enero 2007
Índice

- La cita del mes
- Nota del editor
- El pensador del mes

La cita del mes

"El optimista sostiene que vivimos en el mejor de los mundos posibles, el pesimista teme que sea verdad.”

James Branch Cabell, The Silver Stallion, 1926

Nota del editor

Este primer número de 2007 está monográficamente dedicado a la Cuestión Anual de Edge del presente curso: ¿Acerca de qué es Vd. optimista? ¿por qué? Esta es la pregunta que John Brockman dirige a 160 de los más importantes pensadores de nuestro tiempo. Entre las respuestas hemos seleccionado algunas de los que han sido nuestros Pensadores del Mes a lo largo de estos años. Esperamos que sean un montón de sólidas razones para comenzar el año de forma optimista.

Como cada mes, nuestro objetivo no es otro que proporcionaros nuevos temas de conversación, y como siempre, si deseáis hacer alguna aportación, o comentario o dejar de recibirlo, podéis dirigiros a complejidad@bioef.org.

El pensador del mes

STEVEN PINKER
Pensador del mes de diciembre
de 2004, Komplex nº 4

El declinar de la violencia

En el siglo XVI en Paris, una popular forma de entretenimiento era la quema de gatos, consistente en colgar un gato de una cuerda en un escenario y luego lentamente descenderlo hasta una hoguera. Según el historiador Norman Davies, “los espectadores incluyendo reyes y reinas, se partían de risa mientras los animales aullando de dolor eran chamuscados, asados y finalmente carbonizados”.

Por muy horribles que resulten los acontecimientos del presente, algo tan sádico sería impensable hoy en la mayor parte del mundo. Este sería solo un ejemplo de una de las más importantes y menos apreciadas tendencias en la historia de nuestra especie: el declinar de la violencia. La crueldad como entretenimiento popular, los sacrificios humanos como cesión a la superstición, la esclavitud como instrumento de trabajo, el genocidio por conveniencia, la tortura y la mutilación como formas rutinarias de castigo, la ejecución por delitos triviales o conductas no aceptadas, asesinatos como formas de sucesión política, pogromos como válvula de escape a la frustración y homicidios como principal método de solución de conflictos, han sido hechos corrientes de la vida durante la mayor parte de la historia humana. Pero ahora son estadísticamente raros en Occidente, menos frecuentes que lo que lo solían ser en el resto del mundo y objeto de condena general cuando ocurren.

A mucha gente, asqueada por los titulares y la sangrienta historia del siglo XX, les parece increíble esta afirmación. Pero hasta donde yo conozco, cada intento sistemático de documentar la prevalencia de la violencia a través de los siglos y los milenios (y, por cierto, también la de los últimos cincuenta años) sobre todo en Occidente ha demostrado que la tendencia general es a disminuir (con por supuesto algunos altibajos). El más concienzudo es The History of Force de James Payne; otros estudios incluyen War Before Civilization de Lawrence Keeley, Homicide de Martin Daly y Margo Wilson, The Deadly Ethnic Riot de Donald Horowitz, Nonzero de Robert Wright, The Expanding Circle de Peter Singer, Constant Battles de Stephen Leblanc, y algunos trabajos etnográficos y arqueológicos de Bruce Knauft y Philip Walker.

Cualquiera que dude al respecto señalando restos de violencia en Estados Unidos (pena capital en Texas, Abu Ghraib, esclavitud sexual de grupos inmigrantes, y muchos más) pierde de vista dos puntos clave. El primero, que, estadísticamente, la prevalencia de esas practicas es sin duda, una mínima parte de lo que fue en siglos pasados. La otra es que esas practicas son, en grado variable, ocultas, ilegales, condenadas, o por lo menos (como en el caso de la pena de muerte) intensamente controvertidas. En el pasado no eran nada del otro mundo. Incluso los asesinatos en masa del pasado siglo en Europa, China o la Unión Soviética acabaron con una proporción de la población mucho menor que un enfrentamiento entre cazadores-recolectores prehistóricos o una conquista bíblica. La población del mundo ha crecido exponencialmente y las guerras y los asesinatos son analizados y documentados, por lo que somos más conscientes de la violencia que se produce, aunque pueda ser estadísticamente menos extensa.

¿Qué es lo que ha ocurrido? Nadie lo sabe, quizás porque nos hemos estado haciendo la pregunta equivocada ¿Por qué esta guerra? En lugar de ¿Por qué esta paz? Se han hecho algunos intentos de explicación, todos sin pruebas fehacientes. Quizás el perfeccionamiento gradual de un Leviatán democrático, ese poder compartido capaz de imponer respeto en los individuos, ha eliminado el incentivo de atacar antes de que nos ataquen. Payne sugiere que esto es debido a que para mucha gente la vida se ha vuelto más larga y menos dura; cuando el dolor, la tragedia y la muerte prematura son hechos normales en la vida de uno mismo , se sienten menos remordimientos al provocarlos en los demás. Wright señala como explicación las tecnologías que facilitan redes de reciprocidad y trueque que hacen que los otros sean más valiosos vivos que muertos. Singer lo atribuye a la inexorable lógica de la regla de oro: cuanto más piensa y sabe uno, más difícil resulta privilegiar sus propios intereses frente a los de otros seres. Quizás esto se amplifique con el cosmopolitismo, en el que la historia, el periodismo, la memoria y la ficción realista hacen que las vidas interiores de otras personas y la naturaleza contingente de nuestra propia situación, sean más palpables, comportando el sentimiento de “por suerte no me pasa a mí”.

Mi optimismo descansa en la esperanza de que el declinar de la violencia a través de los siglos sea un fenómeno real, que es el resultado de fuerzas estructurales que van a seguir actuando y que vamos a ser capaces de identificarlas y quizás concentrarlas e incluso embotellarlas.

 

ROBERT TRIVES
Pensador del mes de septiembre
de 2005, Komplex nº 13

La tendencia a largo plazo hacia la honestidad con los otros y consigo mismo

Lo que sube, baja, lo que se va, vuelve, para cada acción hay una reacción y así sucesivamente. La vida, intrínsecamente, está auto corrigiéndose a casi todos sus niveles, incluyendo el evolutivo, el fisiológico, el histórico y el genético. Esto permite un limitado optimismo. La maldad y la estupidez son en el fondo auto destructivas y auto limitantes, por lo que no debemos preocuparnos de que cualquier tendencia en esa dirección sea muy duradera.

Pero por otra parte el principio de la auto corrección se aplica también al amor, a la amistad y a las grandes capacidades intelectuales. Ningún movimiento en esa dirección puede avanzar mucho sin poner en marcha contramedidas a su expansión.

En resumen, no deberíamos ponernos ni muy eufóricos ni muy desanimados respecto a la trayectoria de los actuales acontecimientos. Más tarde o más temprano, y normalmente más temprano, cambiará su dirección.

Se plantean dos cuestiones:

¿Hay tendencias a largo plazo que nos permitan ser optimistas? Treinta años de trabajo en la trayectoria evolutiva de las estrategias cooperativas sugieren una tendencia a largo plazo (bajo determinadas condiciones) hacia una mayor cooperación, contingente con una discriminación aún más elaborada. Parece que cuando se elaboran modelos similares para grados variables de engaño y auto engaño, la tendencia a largo plazo hacia la honestidad con los otros y consigo mismo (por lo menos bajo determinadas condiciones) prevalece.

¿Existe alguna razón para creer que vamos a sobrevivir lo suficiente como para disfrutar alguna de esas tendencias a largo plazo?

Esto es mucho menos seguro. La evolución no tiene planes para contingencias que aún no han ocurrido y la gran mayoría de las especies se han extinguido. No hay razón para creer que los humanos escapamos a esas reglas. Las buenas noticias son que no existe ninguna posibilidad actualmente de que acabemos con toda la vida (sólo la “slimosfera” bacteriana se extiende hasta diez millas en el interior de la tierra) y aunque somos capaces de hacer la vida realmente miserable a la mayoría de la gente, no podemos extinguir la vida humana por completo. Espero que este estado actual del asunto continúe indefinidamente. El sentimiento de que todo saldrá bien si somos capaces de sobrevivir los próximos 50 a 500 años, puede volverse un rasgo normal de nuestra psicología.

 

STUART A. KAUFFMAN
Pensador del mes de octubre
de 2005, Komplex nº 14

Las células madre del cáncer y los nuevos tratamientos

En los últimos años ha aumentado la evidencia de que las “células madre del cáncer” juegan un importante papel en el cáncer. A pesar de que normalmente suponen un 1% o menos de la masa tumoral, estas células madre parecen tener un potencial de proliferación ilimitado y la capacidad de dirigir el crecimiento canceroso. Además de haber sido implicadas en los procesos de metástasis, estas células han sido encontradas en leucemias, cánceres de pulmón, colon, próstata, mama, piel, ovarios, y cerebro. Es posible que estén presentes en todos los cánceres y su descubrimiento podría ser uno de los más importantes del campo de la oncología en el último medio siglo. Las células madre del cáncer pueden muy previsiblemente promover tratamientos enteramente nuevos en un relativamente cercano futuro.

Dada la existencia de las células madre del cáncer resulta evidente que reducir la masa de un tumor sin eliminar las células madre llevará casi con seguridad a una recurrencia de la enfermedad. Por eso un creciente número de investigadores, incluyéndome a mi mismo, estamos enfocando nuestros esfuerzos en tres direcciones relacionadas: 1) Encontrar métodos para acabar selectivamente con las células madre del cáncer 2) Encontrar métodos para detener la proliferación de estas células madre y 3) encontrar métodos para inducir diferenciación en estas células, cambiar el tipo de célula a tipos no malignos.

Aunque es idiota pensar que el cáncer es simple, creo que es realista esperar que el trabajo con estas células mejore drásticamente los tratamientos del cáncer en las próximas décadas. Hay varias aproximaciones a este objetivo. Entre ellas el hecho de que hoy ya es posible, usando un nuevo descubrimiento como el siRNA “cerrar” la traducción del RNA mensajero de cualquier gen específico a su proteína. Además, usando otras técnicas de biología molecular es posible incrementar la expresión de cualquier gen. La existencia de estas nuevas técnicas implica que los investigadores pueden a día de hoy intentar perturbar la actividad de genes específicos que controlan la actividad de las células madres del cáncer en un intento de conseguir los tres objetivos mencionados.

Más, screenings de alta eficacia por mecanismos robóticos, permiten estudiar gran diversidad de moléculas y series de compuestos químicos en busca de perturbaciones moleculares, que aplicadas a las células madre del cáncer, consigan su destrucción selectiva, el cese de su proliferación o su diferenciación hacia células benignas. Nuestro laboratorio junto a muchos otros trabaja ya en este sentido.

Los tratamientos de diferenciación son a día de hoy clínicamente efectivos en el caso de la leucemia mieloide aguda (LMA), con vitamina A. Las células cancerosas se diferencian a células sanguíneas normales que no proliferan. Más aún, recientemente un grupo de investigación revisó más de 1700 productos químicos y encontró ocho que hacía que las células de LMA se diferenciaran hacia células sanguíneas normales no proliferativas. Por ello no es difícil pensar que revisando colecciones químicas con cientos de miles de compuestos diferentes, se encontrarán moléculas capaces de esa destrucción selectiva, eliminación de la proliferación o inductoras de diferenciación, en un próximo futuro.

Estos hechos sin embargo deben ser tomados como siempre con prudente optimismo. Por ejemplo, podría ser el caso que otras células cancerosas en un tumor se convirtiesen de nuevo a células madre del cáncer, si fuese así volverían a necesitar tratamiento, transformando el cáncer en una enfermedad crónica. El “mismo” cáncer de distintos pacientes podría haber acumulado distintos subgrupos de mutaciones genéticas, eliminando la expectativa de conseguir un único tratamiento para todos los casos de cáncer de ese tipo. Sin embargo la vitamina A es útil en una inmensa mayoría de casos de LMA, lo que aumenta la esperanza de que un limitado número de productos pueda tratar el “mismo” cáncer en distintos pacientes. Además, la relación entre células madre del cáncer y células madre normales del adulto está por clarificar. Un tratamiento que eliminase ambos tipos de células madre de un tejido podría tener consecuencias no deseadas. La eliminación de células madre leucémicas podría eliminar también las células madre (hematopoyéticas) normales de la sangre y afectar la normal formación de esas células sanguíneas. Sin embargo, podemos esperar que se encuentren técnicas que puedan sostener al paciente durante la terapia y regenerar células madre normales desde otras células madre del paciente para luego trasplantarlas y recuperar la situación normal. Y para algunos tejidos como próstata, ovario, útero…, la pérdida de células madre normales podría no ser grave.

Las implicaciones potenciales del tratamiento basado en las células madre del cáncer son enormes y los científicos están rápidamente haciéndose conscientes de su potencial significación. Es importante saber que este esfuerzo va a ser “biología pesada” y que técnicas como screening de gran resolución y pruebas de patrones de actividad genética usando microarrays genéticos son muy caras. Se requerirán financiaciones adecuadas, pero pesar de todo soy profundamente optimista, como médico y como biólogo investigador creo que al final, encontraremos nuevas formas de tratar el cáncer ya sea como terapia única o en conjunción con las más familiares de la cirugía, la radio y la quimioterapia.

 

BRIAN GREENE
Pensador del mes de noviembre
de 2005, Komplex nº 15

La potencia de nuestras habilidades creativas y analíticas

Al ayudar a criar a mi hijo de dos años, estoy siendo testigo de una verdad básica y conocida por los padres de todas las épocas y todos los continentes: empezamos la vida como exploradores sin inhibiciones, con una fascinación sin límites por el siempre creciente mundo al que vamos teniendo acceso. Y lo que encuentro maravilloso es que si esta fascinación es alimentada, si es desafiada y cuidada puede crecer hasta convertirse en un intelecto capaz de enfrentarse con maravillas tales como la naturaleza cuántica de la realidad, la energía almacenada en los átomos, el curvado espacio-tiempo del cosmos, los constituyentes elementales de la materia, el código genético que subyace en la vida, los circuitos cerebrales responsables de la conciencia o, quizás, el mismo origen del universo. Aunque hemos evolucionado para sobrevivir, una vez alcanzamos el lujo de dar esa supervivencia por garantizada, la habilidad que muestra nuestra especie para desentrañar cada vez mayores y más profundos misterios produce enorme respeto. Soy optimista y creo que el mundo valorará cada vez más el poder de ese pensamiento racional y se basará en él al tomar sus más críticas decisiones.

 

W. DANIEL HILLIS
Pensador del mes de diciembre
de 2005, Komplex nº 16

La demografía a largo plazo

Soy optimista sobre la capacidad de la humanidad para conseguir un equilibrio sostenible con el resto de la vida en la tierra, en parte porque el número de humanos en la tierra va a empezar a disminuir en breve. Esto no significa que crea que hay que ignorar nuestros problemas de medio ambiente, justo lo contrario: Creo que debemos luchar duro ahora, en la confianza que conseguiremos una completa y duradera victoria.

Estamos tan acostumbrados a ver la explosión del crecimiento y desarrollo humano que nos resulta fácil imaginar que esto es lo normal. No lo es. Somos la primera generación en la historia que ha visto como se dobla el número de habitantes de la tierra durante el transcurso de su propia vida y no es probable que ninguna generación futura lo vea de nuevo. Todos esos azotes del crecimiento que hemos llegado a aceptar como normales, ciudades superpobladas, carreteras colapsadas, suburbios en continua expansión, océanos agotados de pesca, y bosques despoblados de árboles, son todos síntomas de una única marejada de la expansión humana. Pronto no serán sino recuerdos.

En la actualidad somos aproximadamente seis mil millones de personas en el mundo. Probablemente nunca seamos más de diez mil millones. Las previsiones de crecimiento varían pero todas coinciden en que el crecimiento de la población está haciéndose más lento. A medida de que la población se hace más próspera tiene familias más pequeñas. En todos los países en los que las mujeres tienen libre acceso a la educación y a la salud, las tasas de crecimiento poblacional descienden. En ocasiones las tendencias quedan ocultas por los retrasos estadísticos pero las tasas de crecimiento de la población son ya negativas en Europa, China y, si eliminamos la inmigración, en Estados Unidos. El total de la población mundial crece todavía, pero no tan deprisa como antes. Asumiendo que esas tendencias se mantengan, la población total empezará a disminuir bastante antes del fin de este siglo.

Esta visión a largo plazo de la demografía me permite ser optimista, aunque casi cualquier otro dato en nuestra situación medioambiental esté empeorando. Estamos sufriendo nuestra borrachera de crecimiento y las zonas de nuestro mundo últimas en emborracharse son las que sufren más. La borrachera, el exceso, no se refiere solo al tamaño de la población, sino también al nivel de consumo. Y en esto también hay razones para el optimismo. Somos tan derrochadores en el uso de nuestros recursos que existen grandes oportunidades de mejora. Con tecnologías más eficientes, nuestros requerimientos básicos de alimentos, materiales y energía pueden acomodarse bien a la capacidad de oferta de nuestro planeta. Vamos a ser capaces de mantener el máximo previsto de población humana con niveles de vida más altos que los que tienen hoy en día las naciones más ricas.

No hay duda de que los retos medioambientales de las próximas décadas son desalentadores y se requerirá toda la potencia del esfuerzo y la creatividad humana para superarlos. Pero no tengo duda alguna de que lo conseguiremos. La innovación, la buena voluntad y el esfuerzo y la determinación serán suficientes para gestionar los próximos miles de millones de personas. Luego, cuando la población vaya disminuyendo, la demanda de recursos se reducirá. La naturaleza empezará a auto repararse, reclamando lo que tan apresuradamente le arrebatamos. Espero que consigamos mantener a los gorilas, elefantes y rinocerontes con vida. A finales de siglo van a tener espacio de sobra para vagar libremente.

 

GEOFFREY MILLER
Pensador del mes de enero
de 2006, Komplex nº 17

La muerte

Soy optimista acerca de la muerte. Por primera vez en la historia de la vida en la tierra, es posible, (no fácil, pero si posible) para animales conscientes como nosotros tener una buena muerte. Una buena muerte es un gran triunfo y algo que debemos buscar, aceptar y apreciar. Además, una buena muerte debería ser grabada y retransmitida como un ejemplo moral para todos nosotros.

¿Qué quiero decir con una buena muerte? No significa para mí una eutanasia alimentada con opiáceos, o un heroico auto sacrificio durante unas operaciones militares tácticas por sorpresa, ni un final tolerado a regañadientes de un milenio de codiciosa longevidad. No quiero decir una muerte sin dolor, limpia, ni siquiera una muerte digna. Quiero decir una muerte que muestre un coraje existencial científicamente informado y con agallas frente a nuestra personal extinción. Una muerte que muestre al mundo que nosotros los humanistas seculares realmente creemos en ello.

Por supuesto no hay forma de evitar los perdurables miedos y reacciones que hacen a los humanos eludir la muerte. Intenta ahogarme y lucharé. Dispárame y gritaré. El sistema nervioso central y la amígdala harán su trabajo de pelear para preservar nuestra vida a cualquier precio.

La cuestión descansa en cómo nuestro cortex enfrenta la muerte. ¿Colapsa muerto de miedo como un soufflé que se desinfla? ¿O se enfrenta al final de la conciencia individual con una férrea confianza en la persistencia de conciencias prácticamente idénticas en otros cuerpos humanos? Mi optimismo descansa en que en este milenio, individuos bien informados tendrán una posibilidad realista de mantener esta segunda perspectiva al final de sus días, a pesar del dolor y el pánico de la muerte.

Cuando muera, dentro de 50 años o la semana que viene, o cuando sea, esto es lo que espero recordar:

  • Mis genes, mis proteínas, mis redes neurales, mis creencias y deseos son prácticamente idénticos a los que sostienen la conciencia de seis mil millones de humanos e innumerables otros animales, cuyas experiencias continuarán cuando las mías acaben.
  • En tanto la vida es algo común a través del universo y resistente a lo largo del tiempo, esas experiencias subjetivas continuarán no solo en la Tierra y a corto plazo, sino a través de muchos mundos y por miles de millones de años.
  • No existe ninguna escalofriante post-vida personal que temer o en la que esperar, únicamente esa maravillosa diversidad de subjetividades que trillones de individuos tienen para compartir.
  • Cuanta más ciencia conoces, más cierto y reconfortante es este conocimiento.

Estas lecciones son para mí, la destilada sabiduría de toda la psicología evolutiva.

Mucha gente se resiste a este conocimiento. Sólo prestan oídos a las ansiedades fácilmente desencadenables de la amígdala que susurra constantemente: “teme a la muerte, teme a la muerte”. Construyen patéticas ideologías de auto confort para cerrar sus oídos a ese terror mortal. Buscan con el hocico en la áspera piel de la realidad un perdido pezón de alivio sobrenatural donde mamar. Les llamo los “Sin agallas” (Gutless), porque no son lo suficientemente listos o valerosos para entender su verdadero papel en el universo. Una rama completamente nueva de la psicología llamada Teoría de la Gestión del Terror estudia a los “Gutless” y sus delirios de denegación de la muerte.

Una gran guerra ideológica se está desarrollando entre los “Sin Dios” (Godless), gente como yo, que cree en la vida y los Gutless, los bustos parlantes de la extrema derecha religiosa, que tienen miedo de la muerte y temen a los Godless y les da pánico la continuidad de la vida en el futuro, cuando ellos ya no existan. Soy también optimista acerca de los resultados de esta guerra, porque la gente respeta las agallas y la integridad. La gente quiere modelos morales que les muestren cómo vivir buenas vidas y morir buenas muertes. La gente necesita saber que participa en algo mucho más grande y más maravilloso que su propio solipsismo. La ciencia sacia esta sed mucho más eficazmente, en mi experiencia, que cualquier pezón sobrenatural buscado por los Gutless.

 

RICHARD DAWKINS
Pensador del mes de febrero
de 2006, Komplex nº 18

La Completa Ilustración Científica

Soy optimista acerca de que los físicos de nuestra especie van a completar el sueño de Einstein y descubrirán la teoría unificadora final antes de que otras criaturas superiores, que hayan evolucionado en otro mundo, nos contacten y nos den la respuesta. Soy optimista acerca de que aunque la teoría unificadora final aporte un satisfactorio cierre a la física teórica, la empresa de la física en sí misma continuará floreciendo, tal y como la biología continuó desarrollándose después de que Darwin resolviese su problema más importante. Soy optimista acerca de que las dos teorías en conjunto nos ofrecerán una totalmente satisfactoria explicación naturalística de la existencia del universo y su globalidad, incluyéndonos a nosotros. Y soy optimista porque creo que esta Ilustración Científica dará el esperado golpe final a la religión y nuestras demás supersticiones juveniles.

 

BRIAN GOODWIN
Pensador del mes de abril
de 2006, Komplex nº 20

Nuestra habilidad como especie para responder al reto de la crisis del petróleo

Soy optimista acerca de nuestra habilidad como especie para responder al reto que nos plantea la crisis petrolera y el final de una época de energía barata que ha durado casi 200 años y entrar en una nueva fase de nuestra evolución. Hay algunos desarrollos clave que, a pesar del reto sin precedentes que supone esta transición me hacen pensar que seremos capaces de conseguirlo. Provienen tanto de nuestros conocimientos científicos como técnicos sobre formas de resolver graves problemas en nuestros hábitos culturales y de cambios de percepción que se están produciendo en nuestros valores culturales.

El primer factor de conocimiento científico que está provocando un cambio importante de conciencia es el reconocimiento de que nuestra dependencia de combustibles fósiles baratos para satisfacer nuestras necesidades y deseos ha entrado en una fase de disrupción en la compleja red de relaciones de la que depende la vida de nuestro planeta. Esto se ha producido por un mejor conocimiento de las formas en que está cambiando el clima, debido a que el progresivo calentamiento del planeta está produciendo una elevación de las temperaturas medias, como consecuencia de la emisión a la atmósfera de cantidades ingentes de dióxido de carbono desde su tumba subterránea donde descansa en forma de petróleo. Entre otras muchas consecuencias encontramos los patrones climáticos trastornados por un exceso de energía que es disipado por medio de huracanes cada vez más destructivos y la elevación del nivel del mar por el deshielo polar, amenazando las poblaciones costeras. Esta conciencia se extiende cada vez más, conduciendo a acciones comunes como el Protocolo de Kyoto y acuerdos en el comercio del carbón o iniciativas más locales para la migración a energías renovables. No existe ninguna garantía de que sobrevivamos a este proceso de aprendizaje. Todas las especies a lo largo de la evolución se han visto obligadas a realizar duras elecciones en el proceso de aprender a mantener relaciones sostenibles con los demás, o extinguirse. Nos enfrentamos a la misma alternativa. Somos muy especiales, pero no distintos en lo que se refiere a esta fundamental dicotomía de vida o muerte.

Otro cambio ha empezado a darse en la cultura de la ciencia en sí misma, donde empieza a resultar evidente que nuestra tradicional separación entre cultura y naturaleza ha sido una asunción útil pero peligrosa. A pesar de que esta separación se realizó en la ciencia moderna para separar lo “objetivo” de lo “subjetivo”, el conocimiento comprobable de la naturaleza de la expresión idiosincrásica de la creatividad humana en este momento ha superado su utilidad primitiva y nos hace ver la naturaleza como una realidad separada, fuera de nosotros, y que es nuestra para usarla según nuestros propósitos. Sin embargo, somos naturaleza y la naturaleza es cultura. Es decir, estamos embebidos en, y somos reflejo de los principios que gobiernan el resto de la realidad, no estamos separados en razón de los regalos que la evolución nos ha hecho: la conciencia y el lenguaje. Todos participamos de la misma aventura evolutiva. Este conocimiento llegó primero a la física cuando la mecánica cuántica nos mostró que la naturaleza es holística, y no puede ser causalmente separada en elementos objetivos e independientes, y que los observadores “subjetivos” contribuyen a la construcción de esa realidad. Y ahora en biología estamos aprendiendo que no es el genoma el que produce al organismo sino las redes de elementos moleculares en y entre las células, que selectivamente leen y dan sentido a la información de los genes, creando organismos de forma específica. La naturaleza de esa capacidad creativa es lo que estamos intentando comprender en la actualidad. Y tal como yo los interpreto, esos datos nos llevan a la conclusión de que los organismos utilizan el lenguaje como instrumento de su creatividad, igual que nosotros. El trabajo en red es también el principio de Gaia, la compleja red de relaciones entre los organismos vivos y la tierra, los mares y la atmósfera que produce las excepcionales propiedades de nuestro planeta como lugar adecuado para la vida en continua evolución. No somos pasajeros del planeta sino partícipes de su evolución.

Finalmente lo que me apoya en mi creencia de que tenemos una oportunidad de atravesar la más difícil transición a la que nos hemos enfrentado como especie es la proliferación de nuevas tecnologías, y las nuevas experiencias en el comercio y los sistemas monetarios que pueden promover la aparición de comunidades locales robustas, auto suficientes y sostenibles en los campos de la energía, la producción de alimentos y otras necesidades humanas. La clave son de nuevo las interrelaciones y el trabajo en red. Sea cual sea el tipo de energía renovable y sostenible que se use, sea energía solar, eólica, hidráulica, biocombustibles u otra (la combinación variará con las condiciones locales y de la bioregión) se convertirá en la base de un sistema de intercambio que de forma natural enlaza los componentes de la comunidad en un patrón coherente, holístico de relaciones que responde a las condiciones locales y es responsable de sus acciones sobre el mundo natural. Esas comunidades locales comerciarán también unas con otras, pero preservaran su carácter diferencial de forma que la diversidad sea a la vez inherente y valorada, a diferencia de la actual homogenización de las relaciones globales. Sea cual sea el tamaño de la población que emerja en esas redes humanas orgánicas, estará definida por la capacidad de la bioregión que las produce. La vida será confortable pero no indulgente y por ello crecerá también la capacidad de celebración de esa nueva vida de calidad. La profunda expresión de nuestra capacidad para efectuar esta transición se evidencia en expresiones de esta conciencia pública como este pensamiento recogido en “A Book of Miracles”:

"Nuestro más profundo miedo no es que no seamos capaces, nuestro temor más profundo es que somos inconmensurablemente poderosos.
No es nuestra oscuridad, es nuestra luz lo que nos aterroriza”.

Tenemos el poder y estamos preparados para hacer la transición, aunque precisamos un cambio fundamental en la dirección y destino de nuestras capacidades, de un miedo atroz a la naturaleza, a un profundo sentido de conexión con ella. Esta nueva, orgánica manera de vivir que combina ciencia, tecnología, arte, oficio y ritual en patrones de aprendizaje, acción y celebración unificados y coherentes es a día de hoy un sueño que debe hacerse realidad, no solo porque es posible sino porque adem ás, se ha vuelto necesario.

 

SETH LLOYD
Pensador del mes de junio
de 2006, Komplex nº 22

Optimismo pasado y futuro

Soy optimista acerca del pasado. Cada día que pasa nos parece mejor. Dentro de apenas doscientos años, cuando las capas de hielo de Groenlandia y la Antártica se hayan disuelto y los niveles del mar hayan crecido unos sesenta metros, nuestros descendientes genéticamente modificados estarán sentados en sus casas frente al mar en Nevada, rememorando los buenos viejos tiempos que pasaron en las actualmente sumergidas ciudades de Nueva York, Londres y Tokio. Desde su perspectiva, el pasado va a parecer francamente bueno.

Soy también optimista respecto al futuro. Esta dentro de nuestras capacidades como especie evitar la catástrofe que describía en el párrafo anterior. Una inversión prudente en tecnologías conservadoras de carbón y nuevas estrategias económicas pueden posponer o evitar completamente las más extremas consecuencias del calentamiento global. Espero que los políticos sean capaces de entender que sacrificios relativamente pequeños realizados voluntariamente hoy, pueden prevenir sacrificios mucho mayores y no voluntarios mañana.

Seamos realistas: los seres humanos somos adictos a hacer daño a los demás y a nosotros mismos. Cuando una excusa para el conflicto pierde fuerza, encontramos rápidamente otra, no importa lo trivial que sea, para prolongar la bronca. Pero también es cierto que somos capaces de echarnos atrás del borde del precipicio. Durante la guerra fría los Estados Unidos y la Unión Soviética sostuvieron una estrategia oficialmente llamada MAD (Mutuamente Asegurada Destrucción): cualquiera de los dos que iniciase una guerra nuclear sabía que sería destruido también. Aunque arriesgada a largo plazo (si el radar confunde una bandada de gansos con un misil que ataca, no quedamos ni uno) la estrategia funcionó durante el tiempo suficiente como para que los líderes políticos se diesen cuenta de lo loca que era la estrategia MAD e iniciar conversaciones de desarme. Actualmente nos encontramos al borde de una catástrofe medioambiental grave, pero aún estamos a tiempo de echarnos atr ás.

Incluso si el calentamiento global inunda la mayoría de las grandes ciudades del mundo, los seres humanos sobrevivirán y se adaptarán. Cómo será esa adaptación es imposible de predecir, pero se adaptarán. La tecnología nos ha metido en este follón, proporcionándonos los instrumentos para la moderna sociedad industrial. Soy optimista y creo que nuestros descendientes desarrollarán tecnologías para bregar con cualquier tipo de lío que les traspasemos. Las tecnologías para sobrevivir en el siglo XXIII no es preciso que sean alta tecnología, bastarán tecnologías simples y de bajo nivel para conservar el agua y los combustibles. Si somos cuidadosos con nuestros recursos básicos deberían bastar e incluso sobrar lo suficiente como para seguir jugando a los video juegos.

No es preciso que dejemos el mundo hecho una porquería. La clave de un uso inteligente de los recursos es distribuirlos justamente. Aunque sólo sea porque la distribución actual de los recursos como el dinero y la energía no puede estar más sesgada a nivel global, soy relativamente optimista y creo que la cada vez más globalizada sociedad no tiene más remedio que hacer progresos hacia un mundo en el que todos los seres humanos tengan igual acceso a la comida, al agua potable, a la educación y a la representación política. Este optimismo se atempera por el reconocimiento de que “los que poseen” en el mundo tienen pocas motivaciones para compartir los recursos del mundo con sus “desposeídos”. Estamos poco acostumbrados a pensar en la democracia como una “tecnología”, pero eso es lo que es en el fondo, un acuerdo sistemático de los seres humanos en relación a una máquina social que funciona mejor en muchos aspectos que la máquina social del totalitarismo. La nueva tecnología que precisamos en este momento no es un 4x4 más eficiente en el consumo de combustible, sino un sistema político que asegure a cada ser humano en la tierra una voz en pol ítica.

Finalmente soy exageradamente optimista acerca del futuro de las ideas científicas. Viaje a donde viaje en el mundo (al primero, al segundo o al tercero) encuentro jóvenes investigadores cuyas ideas me asombran. Internet distribuye la producción científica más actual e innovadora de forma mucho más barata, eficiente e universal que nunca en la historia. Como resultado la fundamental igualdad intelectual de los seres humanos se está afirmando de forma excepcional: la gente es igual de inteligente en Perú y Pakistán que en Londres o Los Ángeles, y toda esa gente puede participar hoy en la investigación científica con mucha más eficacia que nunca. Los seres humanos son el recurso más importante de la humanidad y cuando esos seres humanos empiezan a convertirse en cient íficos, ¡mucho ojo!

 

LAWRENCE KRAUSS
Pensador del mes de julio
de 2006, Komplex nº 23

La renovación de la ciencia a favor del bien común

Soy optimista acerca de que, tras 30 años de deprivación sensorial en el campo de la física de partículas durante el que los teóricos han sufrido muchas alucinaciones (p.e. la teoría de la cuerda), en los próximos 3 años y en razón de la puesta en marcha el próximo año del Gran Colisionador de Hadrones en Ginebra, vamos a empezar a obtener datos empíricos que nos van a permitir avanzar en el conocimiento y comprensión de la estructura fundamental de la naturaleza, sus fuerzas, y del espacio y el tiempo.

Mi mayor optimismo es que los datos sean completamente inesperados y que fuercen la revisión de todas nuestras actuales ideas sobre lo que puede sustituir al Modelo Standard de la física de partículas elementales. Desde 1975 aproximadamente cada nuevo experimento realizado en la vanguardia de lo infinitamente pequeño ha sido consistente con las predicciones del Modelo Standard, pero aportando poca o ninguna luz a lo que haya detrás del mismo, cuál es el origen de la masa, por qué hay tres familias de partículas elementales, por qué algunos quarks son pesados y por qué los neutrinos son muy ligeros.

Es cierto que se descubrió la masa del neutrino, pero esto no fue una gran sorpresa y seguimos sin tener ninguna idea acerca de su origen. Con datos empíricos la física de partículas teórica puede recuperar los tiempos en que la clave para distinguir una buena teoría de una mala era la cantidad de puzzles empíricos que podía resolver esa teoría y no lo elegante que pudiese resultar.

Soy también completamente optimista acerca de que a lo largo de lo que espero dure mi propia vida vamos a ser capaces de descubrir el secreto de la vida y conseguir completar nuestra comprensión de la biología evolutiva en la extraordinaria transición entre química no biológica y biología. No solo seremos capaces de crear vida en el laboratorio, sino que además seremos capaces de rastrear nuestros orígenes y obtener respuestas a la importante cuestión de cuánta vida existe en el universo. Casi con seguridad encontraremos vida microbiana por todo nuestro sistema solar y espero que descubramos que es prima nuestra, de la misma semilla si prefieren, en vez de ser realmente alienígena. Y todo esto va a hacer que vivir sea aún más fascinante.

 

LEE SMOLIN
Pensador del mes de septiembre
de 2006, Komplex nº 25

El retorno de la disciplina experimental transformará nuestro conocimiento de la Física Fundamental

En ciencia, como en política, parece que la metáfora de Eldredge y Gould sobre el equilibrio puntuado resulta ser cierta. Cuando se produce progreso, se produce rápido y toda la cultura vibra con esa excitación. Hemos tenido últimamente un ligero exceso de equilibrio, demasiada tranquilidad, expectativas no realizadas como consecuencia natural de ambiciones pobres, tímidas y desacertadas. Pero soy optimista y creo que en las próximas décadas vamos a ver importantes avances en problemas clave frente a los que actualmente nos encontramos atascados. En física, nuevos experimentos como LHC, AUGER, GLAST, PLANCK, LIGO y otros seguramente van a transformar nuestros conocimientos de la física fundamental y poner punto final a un largo período en que la teoría parecía progresar sin la disciplina del experimento. Con mucha probabilidad nos sorprenderá y humillará lo que encontremos, pero a continuación se producirá un rápido progreso mientras aparecen nuevas ideas para explicar los sorprendentes datos hallados.

¿Cómo puedo ser optimista si no sé que dirección va a tomar la ciencia? Esa es exactamente la cuestión. Existen dos tipos de optimismo, el optimismo de la gente que piensa que conoce el futuro y el optimismo de la gente que cree que el futuro va a ser más interesante y, aunque siempre imperfecto, más maravilloso de lo que puedan imaginar. Yo soy del segundo tipo. El primer tipo a veces comporta la creencia de que el tiempo y el cambio son ilusiones, y que el mundo evoluciona hacia un estado de perfección eterno. Este es el optimismo de los fundamentalistas religiosos y marxistas ortodoxos y lo podemos ver reflejado también en esas cosmologías en las que nuestro universo evolutivo no es más que una fluctuación pasajera en un, por lo demás, permanente estado de equilibrio térmico. El tipo opuesto de optimismo se apoya en los teóricos de la evolución que creen que el mundo es tan intrincado que el más simple de los mecanismos que pudiese predecir el futuro de la vida y el cosmos sería el propio universo. Si somos del primer tipo de optimistas, buscamos trascender la complejidad de la vida para descubrir algo eterno detrás, algo como nuestra imaginaria visión de Dios. Si pertenecemos al segundo, buscamos vivir y pensar dentro de la espiral de la vida; buscamos comprensión y sabiduría, pero no nos hacemos ilusiones de trascendencia o control.

 

JARON LANIER
Pensador del mes de noviembre
de 2006, Komplex nº 27

La comunicación interpersonal será más profunda; la racionalidad será aún más romántica

Un extravagante optimismo debería plantear nuevas cotas de satisfacción que sobrepasasen y superasen lo que son meras respuestas a problemas que ya conocemos actualmente.

Y una idea realmente extravagante es que la naturaleza de la comunicación en sí pueda transformarse en el futuro tanto como se transformó con la aparición del lenguaje. No es fácil de imaginar, pero hay algunas maneras de acercarse a la idea: He estado fascinado por el potencial de la “Comunicación post simbólica” durante muchos años. Este nuevo estilo de conexión interpersonal puede hacerse realidad si un gran número de personas se convierten en virtuosos de la improvisación que acompaña la Realidad Virtual.

Somos virtuosos del lenguaje hablado. Los adultos hablan sin ningún esfuerzo aparente, aunque las conversaciones de cada día puedan considerarse como uno de los fenómenos más complicados observados nunca. No veo razón alguna por la que nuevas virtuosidades en la comunicación no puedan aparecer en un futuro, aunque sea difícil poner un plazo.

Supón que estás disfrutando de una futura muestra avanzada de Realidad Virtual, y puedes provocar la aparición de cosas espontáneamente diseñadas y hacerlas actuar e interactuar entre sí con la facilidad con que manejas las frases en una conversación ordinaria de hoy en día.

El que esto se consiga midiendo desde fuera lo que hace tu cuerpo o interactuando con estados interiores de tu cerebro no es más que una cuestión instrumental. De cualquier manera, ya disponemos de algunas pistas acerca de cómo el organismo humano pueda ser capaz de improvisar el contenido de un Mundo Virtual.

Algunos de los datos más interesantes sobre la investigación en Realidad Virtual a estas alturas tienen que ver con la Flexibilidad Homuncular. Resulta que el cerebro humano tiene una extraordinaria facilidad para aprender a controlar cuerpos radicalmente diferentes. Esto significa que la gente podría aprender espontáneamente a cambiar lo que ocurre en un mundo virtual volviéndose partes de él.

Esa parte del cerebro que está optimizada para el control de los muchos grados de libertad de los movimientos del cuerpo, está también preparada para controlar los muchos grados de libertad de un ambiente superlativamente programado y diseñado en un futuro. Es como si la lengua pudiese convertirse para este tipo de comunicación en algo tan importante como lo es para el lenguaje, por algo es el órgano más rico en conexiones neurales del cuerpo humano. (En este sentido he hecho ya algunos trabajos en la medición de outputs de la lengua a través de la mejilla, para comprobar estas ideas).

¿Por qué pensar en ello? Es una razonable intuición. Las palabras han hecho tanto por la gente que otras alternativas con funciones sobrepuestas pero distintas podrían llevarnos a nuevas formas de pensar y conectarnos.

Podría aparecer una alternativa a la abstracción, la posibilidad de expresarse a través de una fluida y capaz concreción. En vez de la palabra “casa”, podría conjurar una casa en particular. ¿Cómo puedes saber que es una casa sin conocer la palabra? En vez de volver a lo que sea que la palabra “casa” signifique, podrías presentar un cubo virtual que resultaría ser enorme por dentro y que contuviese una multitud de prototipos de casas. En un sentido esta borrosa colección sería más precisa que la palabra, en otros sentidos lo sería menos. Sería diferente.

Si todo esto suena demasiado fantástico u oscuro, he aquí otro acercamiento a la misma idea usando puntos de referencia más familiares. Imagina una nueva forma de expresión que sea un cruce entre tres grandes formas artísticas del siglo XX: la improvisación del jazz, la programación informática y el cine. Supón que puedas improvisar cualquier cosa que pueda verse en el cine con la velocidad y la facilidad de un músico de jazz. ¿Qué podría significar esto para el sentido de conexión que existe entre tú y alguien a quien amas?

Hay un librito de James P. Carse con un maravilloso título, Finite and Infinite Games. Algunos de sus pasajes son un poco demasiado New Age para mí pero la idea central expresada en el título es clara y útil. Un juego finito es como un simple partido de béisbol, con un final. Un juego infinito es como el fenómeno global del béisbol, que no tiene final. Es siempre una frontera.

Así muchas ideas utópicas hacen referencia a juegos finitos: el fin de las enfermedades, resolver el calentamiento global, hacer a la gente más racional, reducir la violencia y así sucesivamente. Por muy maravillosos que nos puedan parecer esos logros, les falta algo. El optimismo de juegos finitos propone utopías circunscritas, sin fronteras ni misterio. El resultado no es lo suficientemente inspirador para mí y aparentemente tampoco entusiasma a otra mucha gente que anda continuamente fascinada por dudosas utopías políticas o religiosas. El problema se acentúa en este momento porque hay una idea probablemente infundada que flota alrededor de las ciencias y que supone que hemos llegado al límite de la ciencia que podamos llegar a conocer, y que ahora estamos en el proceso de simplemente definir los detalles.

El optimismo más valioso está en los Juegos Infinitos e imaginar que nuevas innovaciones tan profundas como el lenguaje van a producirse en el futuro de las interacciones humanas es un ejemplo del mismo.

 

Edge World Question 2007

Estas son las ciento sesenta aportaciones de los más importantes pensadores del mundo a la cuestión que John Brockman de Edge les presentó para 2007: ¿Acerca de qué es Vd. optimista? ¿Por qué? La mayor oportunidad del año para tomar el pulso al pensamiento científico actual cuando busca razones para el optimismo.

Robert Trivers, Nathan Myrhvold, George Smoot, Marvin Minsky, John McCarthy, Nancy Etcoff, Stuart Kauffman, Oliver Morton, Bart Kosko, David Buss, Brian Greene, Francesco De Pretis, Corey Powell, Roger Bingham, Alison Gopnik, Robert Sapolsky, Paul Steinhardt, Beatrice Golomb, Vittorio Bo, Marcel Kinsbourne, Martin Rees, Ian Wilmut, Barry Smith, Larry Sanger, Steven Strogatz, Mark Pagel, Joichi Ito, Jill Neimark, Leon Lederman, David Deutsch, Frank Wilczek, Cory Doctorow, David Bodanis, Alex (Sandy) Pentland, Marcelo Gleiser, Brian Eno, Philip Zimbardo, Colin Blakemore, W. Daniel Hillis, Garniss Curtis, Mahzarin Banaji, Joel Garreau, Leonard Susskind, Esther Dyson, Mihaly Csikszentmihalyi, Stewart Brand, Andy Clark, Steve Grand, Jason Calacanis, Jaron Lanier, Richard Dawkins, Nicholas Humphrey, Chris Anderson, Karl Sabbagh, David Berreby, Stephen Schneider, Timothy Taylor, Gergory Benford, Roger Highfield, Rudy Rucker, David Dalrymple, Paul Davies, Scott Sampson, Sherry Turkle, Gary Marcus, Xeni Jardin, Thomas Metzinger, Helen Fisher, Dan Sperber, Paul Saffo, Gregory Cochran, Michael Wolff, Gloria Origgi, Jamshed Bharucha, Diane Halpern, Anton Zeilinger, Clay Shirky, Neil Gershenfeld, Rodney Brooks, Maria Spiropulu, J. Craig Venter, Marco Iacoboni, Eduardo Punset, Jordan Pollack, Adam Bly, Marti Hearst, Tor Nørretranders, Robert Shapiro, David Pescovitz, Judith Rich Harris, Lee Smolin, Simon Baron-Cohen, Max Tegmark, Elizabeth Loftus, Seth Lloyd, Ernst Poppel, Gino Segre, Philip Campbell, Terrence Sejnowski, Chris DiBona, George Church, Kai Krause, Jonathan Haidt, William Calvin, James Geary, Charles Seife, David Gelernter, Andrian Kreye, Randolph M. Nesse, Freeman Dyson, Lisa Randall, Douglas Rushkoff, Matt Ridley, Ray Kurzweil, Sam Harris, Leo Chalupa, Sue Blackmore, John Horgan, Jared Diamond, Nassim Taleb, Rebecca Goldstein, Geoffrey Miller, Brian Goodwin, Jerry Adler, Linda Stone, George Dyson, Peter Schwartz, Roger Schank, Irene Pepperberg, Alexander Vilenkin, Stephen Kosslyn, Robert Provine, Samuel Barondes, Daniel Everett, John Gottman, Juan Enriquez, Carlo Rovelli, Haim Harari, Kevin Kelly, Jean Pigozzi, Martin Seligman, James O'Donnell, Keith Devlin, Piet Hut, Andrew Brown, Donald Hoffman, Gerald Holton, Howard Rheingold, Pamela McCorduck, Michael Shermer, David G. Myers, Steven Pinker, Marc D. Hauser, Howard Gardner, Alun Anderson, Lawrence Krauss, Chris Anderson, Geoffrey Carr, Daniel Goleman, Walter Isaacson, Daniel C. Dennett